INSTITUTO DE ESTÉTICA

Nuevo libro de Angel Álvarez-Solís explora relación entre la vestimenta, la apariencia física y la política de los cuerpos

El nuevo libro de nuestro profesor, Ángel Álvarez, indaga conceptos ignorados por la filosofía y la estética: la construcción de la identidad vinculada a cómo nos relacionamos con nuestros cuerpos y la vestimenta. El texto nos invita a pensar filosóficamente por qué somos lo que aparentamos ser.

La nueva propuesta de estudio de Álvarez, expresada en su texto recién publicado en España, trabaja la ética, estética y política de la vestimenta y su relación con la construcción de las identidades. “Somos como nos vemos”, explica Ángel, entregando un poco de su hipótesis sobre la transformación del objeto de estudio de la filosofía: ¿Por qué ahora el exterior es el interior? Más específicamente, ¿por qué lo que antes era el alma ahora es el cuerpo?

Lo que comenzó como un estudio filosófico de la moda se transformó en el texto recientemente publicado: un estudio filosófico de la apariencia física, porque el verdadero interés del autor se encontraba en los efectos éticos y políticos de cómo nos vestimos. Conceptos ignorados por la estética se presentan en un análisis crítico y universal, que puede ser leído por una gran cantidad de gente de diversas áreas de estudio.


La vestimenta como un acto político

 ¿De qué habla tu nuevo libro? ¿Cuál es su objeto de estudio?

En “Filosofía de la apariencia física” propongo el concepto de cosmética, que tiene que ver con la relación que establecemos con nuestra apariencia física, pero a partir de la piel, el rostro y la vestimenta. Se trata de un tratado filosófico para pensar las ideas como la moda, pero sobre todo también pensar filosóficamente porqué somos lo que aparentamos ser. Somos como nos vemos. Nuestras expresiones físicas también representan el interior de cada uno.

Esa idea de que no te fijes en lo externo es una concepción falsa, en el fondo siempre estamos cuidando nuestro exterior, ya sea consciente o inconscientemente, y que eso es un problema que hay que pensar: ¿Por qué ahora el exterior es el interior? ¿Por qué lo que antes era el alma ahora es el cuerpo?

 
¿Por qué elegir la moda como parte de tu estudio? ¿Qué representa ésta en nuestra cultura?

 Lo que me interesaba es escribir un libro sobre filosofía de la moda, y se fue convirtiendo en uno sobre filosofía de la apariencia física, porque me di cuenta de que lo que me interesaba más bien era qué efectos éticos y políticos tiene que ver con cómo nos vestimos.

Bien podríamos pensar la piel del ser humano como una forma de vestimenta, y ahí es cuando comencé a estudiar la industria de la moda, y me di cuenta de que la moda tiene la función de normar los cuerpos hacia un proceso de blanquitud, de delgadez y de cierta forma de exposición del rostro. Los cuerpos que no sean cuerpos blancos, los cuerpos gordos y queer, entre otros, aparecen excluidos de la industria de la moda o bien aparecen normados de manera masculinizante, con fines de la resignificación de convertir a las personas en cosas.

Entonces había un debate, ya que la moda puede ser un cómplice de los sistemas de opresión, lo que hace para normar el cuerpo, pero que también puede haber en ella una capacidad de potencia para que los cuerpos sean libres, emerjan los estilos y, para lo que yo llamo disidencias corporales, aparezcan en la escena pública.

 
El vestir como acto político ha sido una forma de protesta en el pasado, ¿Las versiones de vestir actuales son también una expresión de ello?

De hecho, justo lo que trata de mostrar mi libro es que la vestimenta es un acto estrictamente político, tanto por la forma con la que nos relacionamos nosotros con nuestra apariencia tanto como en la que nos exponemos, en cómo queremos ser vistos y exponernos a los demás. En ese sentido, la vestimenta tiene una política con uno mismo y, al mismo tiempo, una con los otros. No hay vestimenta neutral, ingenua o despolitizada, por el contrario, siempre estamos politizando nuestra forma de vestir, peinarnos e incluso de comer.

Este es un libro que trata de mostrar el elemento político en el fenómeno vestuario, y hago análisis de las revueltas feministas y el tipo de vestimenta que usaban, de cómo, por ejemplo, se ha construido una imagen de la mujer y del varón exitoso. Cómo, de todas estas codificaciones culturales, nace el género, la nación, o la raza y que no son precisamente por la forma en qué elegimos nuestro armario o nuestro clóset

Y en el caso contrario, aquellas personas que pertenecen a los márgenes de la sociedad y que no tienen decisión sobre su vestimenta, ¿también es un acto político?

Para las clases más precarizadas, la vestimenta puede ser un factor de movilidad social; para aspirar a un mejor trabajo puedes invocar ciertos artilugios y cruzar ciertas fronteras simbólicas, precisamente por su propia condición de clase. La idea no es que la vestimenta solo funciona para las clases enriquecidas, por el contrario, hay una opresión por parte de las clases ricas para que se imite su estilo por parte de la clase bajas.

Entonces, la idea que planteo es ¿por qué la filosofía y la estética no habían reparado en el hecho de cómo nos define la forma de vestirnos? ¿Por qué era algo menor? A la filosofía y la estética no le había interesado, si a la antropología, a la sociología y al periodismo, pero a las demás siempre les pareció un tema frívolo y banal, que solo le importaba a las Kardashian y que no era algo poético.

Hablando de las Kardashian, ¿Cómo entiendes el concepto de "apropiación cultural"?

Yo propongo el concepto de capital cosmético. lo que sugiere este concepto es que cada uno de nosotros va obteniendo una suerte de beneficios, ventajas y límites a partir de la propia apariencia física, es decir, capitalizando nuestro propio cuerpo y nuestra propia voz. Y lo que hacen las Kardashian sobre la apropiación cultural - que hoy es un término muy recurrente - es precisamente sacar la mayor ventaja simbólica de una cultura que no ha tenido los recursos para poder ser visibilizados de una mejor manera. Y lo que hacen esos personajes es sacar una ventaja simbólica y económica que ha sido degradada.

 Ahora, ¿qué implica eso? que todo el tiempo hemos hecho apropiación cultural, porque las culturas no son puras, todo el tiempo se están contaminando y no son neutrales. Incluso una cultura originaria no podría decir que no ha hecho fenómenos de apropiación. Entonces, la cultura es apropiación. Pero, el caso de la apropiación cultural como se nombra hoy en día es una apropiación ilegítima, porque están sacando un rendimiento político y estético mientras esas culturas siguen no teniendo voz ni lugares públicos de exposición.

Critico a quienes hacen apropiación cultural, pero creo que hay que hacer matices. No hay ninguna cultura pura. Hay criticarla, pero hay grados y algunos que son más legítimos que otros. Cada cultura tiene contaminación, pero hay que quitarle el concepto negativo a la palabra, porque eso es la cultura, es apropiación creativa y respetuosa de los otros.

¿Si alguien decidiera ocupar elementos de cierta cultura para darles voz, sería más válido el fenómeno de apropiación cultural?

En mi opinión, no. Porque si existen personas que puedan nombrar, hablar y vestirse en representación de su propio grupo, que ellos lo hagan. Tienen que pertenecer al lugar para representar la cultura. Lo que yo sostendría es que hay grados en la apropiación cultural, y que casi siempre el grado ilegítimo pasa por lo que voy a llamar el privilegio blanco. Por eso para nosotros siempre nos va a parecer un hecho ilegítimo este acto, porque uno espera que la forma de portar la vestimenta, el rostro y sus facciones, se condigan con lo que significa las prendas.

Lo que yo propongo es un tratado filosófico contra las políticas de la identidad, la queerización de las vestimentas, la marranización de los estilos. Que la vestimenta no tenga género, ni clase social, que no nos obliguen a pertenecer a un grupo o que nos identifiquen en un grupo social determinado, sino que la apariencia pueda permitirnos movilizarnos socialmente.

 Para saber más del libro entra AQUÍ.

 SINOPSIS:

"La cosmética plantea una tesis simple, aunque debatible: la apariencia física encierra uno de los problemas filosóficos más relevantes y poco discutidos por la filosofía contemporánea. El presente ensayo argumenta que la apariencia física es una cuestión filosófica porque constituye un problema moral, pues de ella depende la construcción material del sujeto ético. Éste inicia su relación ética consigo mismo y con los otros por medio del cuidado, consciente o inconsciente, de su apariencia externa. Además, la apariencia física es un asunto abiertamente político, ya que la política contemporánea es una expresión de las nuevas formas de aparición y desaparición. La política depende cada vez más de las formas de exposición, de los modos vestimentarios, de los sujetos construidos cosméticamente en un afán por hacer visibles sus propios cuerpos. La piel, el género y el rostro son hoy los vértices articuladores de las demandas políticas. Por último, la apariencia, la vestimenta o el estilo representan una de las formas de estetización más democrática de la vida contemporánea. La lección de cualquier objeto. incluso una apreciación epistémica o metafísica, pasa previamente por un criterio estético de selección. Por consiguiente, las tres dimensiones de la apariencia física -ética, política y estética-constituyen el núcleo filosófico de la cosmética: la producción del sujeto mediante estrategias cosméticas que prueban que el ser es superficie, que la esencia es la apariencia".

 Información periodística: Claudia Fica, asistente de Extensión y Comunicaciones.